Después del shock

Ya habían pasado varios días desde que tuve que huir de casa, los días habían sido muy pesados y largos, poco a poco me quedaba sin recursos, el cansancio emocional y físico me tenían prisionero.

 

Lo único que me salvaba y tenía en este momento era mi hambre y mi carro. Nunca pensé verme en esta escena. Estaba acostado en el asiento de atrás, viendo el techo y los vidrios blindados era de día y el sol entraba de forma intensa me sentía en un pequeño horno.

Todavía no podía asimilar todo lo que había vivido apenas unas horas atrás. Fui testigo de cómo masacraron a mi pueblo  ¿El motivo? Ni siquiera estoy seguro, no sé qué podría justificar tal grado de matanza pero creo que yo había sido el único sobreviviente al menos la última vez que revisé.

(Vídeo: YouTube| Información: INVACO , El Economista  | Si te ha interesado este tema entra a INVACO)

Ahora me convertí en un prófugo de algo que no sé, tengo miedo que me busquen porque en verdad no sé lo que me está pasando, logré traer una libreta que tengo la intención de convertirla en mi bitácora. Temo quedarme un día de estos esperando mi muerte sin dejarle nada al mundo o peor si descubro algo que todo me lo lleve con la muerte.

Siempre he pensado que esas ancianas que se llevan secretos de receta a la tumba son las más egoístas del mundo. ¿Para qué llevarse algo que ni siquiera van a usar? ¡Ridículas! No quería ser una de ellas así que escribiré lo que pueda, que sea un respaldo de muchas de las cosas que sé, pensé y sentí.

Mi boca seca resintió la deshidratación así que era hora de ponerme a buscar alimento, me posicioné en el asiento de conductor y comencé a moverme. Por fortuna conocía los alrededores no de forma exacta pero las pocas nociones que tenía y las pocas ganas de sobrevivir me ayudaron enormemente.

Llegué a la orilla de un pequeño río, traté de meter el carro alejado del camino y ligeramente con camuflaje (en la medida de lo posible, tampoco estaba tan tupido), ese lugar me dio una tranquilidad inmensa era como si los animales que ahí habitaban no se hubieran enterado de la masacre. Bien dicen que la ignorancia es felicidad y en este caso era de las pocas cosas que me quedaban.

Tomé agua del riachuelo y era lo más delicioso que había tomado en años, era como vida líquida regresando a mí, sin embargo el hambre atacaba al igual que el cansancio, el shock al fin se estaba relajando pero me iba a llegar una ola de sentimientos y sensaciones que no estaba preparado para sentir.

Decidí quedarme unos minutos más en el bosque, no tenía prisa y con el calor que había no quería moverme a ningún lado. Algunos pájaros todavía cantaban e iban de un lado a otro, el pasto estaba húmedo cosa que agradecía porque se me olvidaba como era mojarse por gusto.

Me senté en un árbol, respiré hondo, suspiré y mis párpados cayeron dándome permiso de descansar aunque sea ese momento.

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Facebook
Google+
http://napep.org/2018/08/30/despues-del-shock">
Twitter